Eduardo Bordas, el histórico secretario de Gobierno de la Corte Suprema de Santa Fe, anunció que dará un paso al costado. A los 69 años, activa su trámite jubilatorio, aunque no le puso fecha aún a su salida. Como alguna vez contó Letra P, se trata del funcionario judicial más leal a Rafael Gutiérrez, el poderoso ministro del tribunal cimero
La novedad fue comunicada por el propio Bordas a los ministros en la acordada de este martes, aunque sin precisar una fecha exacta de salida. En su entorno estiman que no debería demorarse más allá del primer semestre de 2026. Después de más de tres décadas manejando una de las cajas más poderosas de la provincia, el funcionario que desde 1991 controla licitaciones, obra pública, designaciones y compras del Poder Judicial se prepara para dejar un lugar que parecía vitalicio.
El rol de Bordas no escapaba a los reclamos del Ejecutivo provincial por modernizar la conducción de la Justicia. Cuando en su discurso de asunción el gobernador Maximiliano Pullaro reclamó una justicia más “eficiente”, no solo les hablaba a los ministros; el mensaje también apuntaba directo al hombre que ejecuta cada peso del Poder Judicial.
Abogado especializado en derecho administrativo, el secretario de Gobierno de la Corte construyó un poder silencioso, transversal y estratégico. Su firma define recursos, aprueba servicios, ordena prioridades y habilita gastos para todo el sistema judicial. Una autonomía que se consolidó en 1999, cuando la acordada 41 del máximo tribunal le entregó el control administrativo absoluto del Poder Judicial. Desde entonces, su figura se volvió un engranaje clave en el funcionamiento interno de la Corte y una extensión natural del poder de Gutiérrez y Roberto Falistocco, sus aliados políticos en el gobierno de la justicia.
Desgaste de poder
En los pasillos de Tribunales se reconoce su comprensión milimétrica de la estructura judicial tanto como el temor que había cosechado por la acumulación de poder que logró. Sin embargo, cuentan desde el círculo rojo que, en el último tiempo, y en paralelo con las renuncias de Mario Netri, María Angélica Gastaldi, – y hace dos semanas, Eduardo Spuler, ese poder empezó a mostrar grietas.
“Había perdido margen de negociación”, admiten sin rodeos en el círculo rojo y hasta cuentan encontronazos a viva voz con funcionarios de otros poderes vinculados a la Justicia. La nueva Carta Magna recorta atribuciones al Poder Judicial y traslada personal y presupuesto al nuevo Ministerio Público. En ese tablero de recambio, la figura de Bordas siempre estuvo en la mira. El Ejecutivo quiere revisar su área, desdoblar funciones y recuperar controles que fueron delegados hace más de dos décadas. Su jubilación, entonces, cae como ficha clave en un dominó que el pullarismo pretende completar el año próximo: “Se materializa sí o sí”, repiten en el entorno del gobernador.
Una silla vacía en pleno reacomodamiento de la Corte Suprema
El anuncio de salida del secretario se produce en un contexto donde todo el mapa del Poder Judicial se está redibujando. La reforma constitucional aprobada hace pocas semanas impone un límite de 75 años para los magistrados y refuerza la ofensiva política para oxigenar la conducción judicial. La silla que deja vacante es, quizás, una de las más sensibles de Tribunales. La propia Corte deberá definir, una vez formalizada su salida, si ese cargo requiere o no reemplazo. Algunos plantean que es un cargo que podría refuncionalizarse y es poco probable que quien lo asuma tenga una extensión tan amplia de atribuciones.
Fuente: Letra P

